En fotografía, el que está más alto no compite

En los eventos importantes de fotografía profesional pasa algo muy claro: el fotógrafo contratado no compite.
Está ahí porque fue elegido. Tiene un rol definido, una responsabilidad concreta y un estándar que cumplir. En muchos de estos eventos, soy el único fotógrafo contratado, y eso cambia completamente la dinámica.
Alrededor, muchas veces hay otros fotógrafos. Algunos recién empiezan y, aunque pueden moverse de más o generar cierta incomodidad, no suelen cuestionar el rol profesional dentro del evento.
Distinto es el caso de algunos veteranos. Muchos de ellos, en sus inicios, trabajaron con primeras figuras uruguayas. Tienen historia, pero no todos lograron adaptarse al cambio digital. Y ahí es donde, en algunos casos, aparece una tensión que no es técnica, sino de posicionamiento.
También he visto situaciones donde esas diferencias se arrastran en el tiempo y terminan generando conflictos públicos que entorpecen el desarrollo normal de un evento. Algo completamente innecesario.
En lo personal, mi enfoque siempre fue otro.
Más de una vez recibí llamados de esos mismos fotógrafos para hacer consultas técnicas. Y no solo eso: muchas de esas dudas las transformo en artículos que publico en mi blog, compartiendo soluciones concretas desde la experiencia.
Porque cuando entendés tu lugar, competir deja de tener sentido.
Y hay algo más que termina de marcar esta diferencia: no peleo por precio. Cuando un cliente no encaja con mi tipo de servicio, simplemente lo derivo. Incluso hacia fotógrafos que trabajan de forma gratuita o con presupuestos muy bajos, porque sé que pueden resolver ese tipo de trabajo.
Eso no es perder un cliente. Es tener claro el posicionamiento.
Al final, todo se resume en una forma de trabajar:
No compito: ayudo, incluso a quienes podrían ser mi competencia.
No peleo por precio: si un cliente busca algo más económico, lo derivo.
Y no acepto todo: trabajo solo con clientes que encajan con mi nivel y servicio.



